Cómo abrir una botella de vino con cera (sin rascar ni romper nada)
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Tienes invitados, la cena está lista y te has quedado mirando una botella con el cuello cubierto de cera.
No se ve el corcho. No hay lengüeta que tirar. No hay por dónde empezar.
Y lo primero que se le ocurre a casi todo el mundo es ponerse a rascar con la punta de un cuchillo.
No hace falta.
La cera no hay que quitarla antes. Puedes abrir la botella como si no estuviera. Te lo cuento en treinta segundos y luego vamos al detalle.
El método: dos pasos, un minuto
No son dos alternativas entre las que elegir. Es una sola cosa con dos movimientos, y el segundo a veces ni hace falta.
Paso 1: atraviesa la cera
Apoya la espiral del sacacorchos directamente sobre la cera, en el centro del cuello, y clávala como si no estuviera. Sigue hasta el fondo y saca el corcho con normalidad.
La cera cede sin dar guerra. Ni se astilla ni frena la espiral.
A partir de aquí puede pasar una de dos cosas, y las dos son normales:
- La caperuza sale entera, pegada al corcho. Un anillo de cera limpio, de una pieza, con el agujero en el centro. Ya has terminado.
- La cera se queda en el cuello, agrietada y con los bordes levantados. Parece un desastre y no lo es. Es el estado normal a mitad de camino y se arregla en diez segundos con el paso 2.
De qué depende: del grosor con el que se sumergió la botella, de cuánto baja la cera por el cuello y de la temperatura a la que esté. Una botella recién sacada de la nevera tiene la cera más quebradiza que una a temperatura ambiente.
Y si te da igual la estética, puedes parar aquí en los dos casos. La botella está abierta y al vino le da exactamente lo mismo.
Paso 2: repasa el borde (si hace falta)
Coge el sacacorchos de camarero, el que lleva la hojita plegable.
- Apoya la hoja en el labio de la botella, justo debajo del reborde, como si fueras a cortar una cápsula de estaño.
- Gira la botella, no el cuchillo. Más seguro y el corte sale más limpio.
- Levanta lo que quede de cera. Sale como una tapa.
Resultado: el cuello desnudo, sin una escama, y un anillo de cera entero encima de la mesa. Que es, dicho sea de paso, una pieza bastante bonita.
No toda la cera es igual
Hay una distinción que casi nadie cuenta y que explica por qué a unos les funciona una cosa y a otros no.
Cera flexible
Es la más habitual y la que usamos nosotros. Se aplica sumergiendo la botella y queda algo elástica: al rascarla se dobla en vez de romperse, y por eso rascar es justo lo peor que puedes hacer. Con esta, atravesarla es perfecto.
Lacre duro
Algunas bodegas usan un lacre quebradizo, más parecido al de sellar cartas. Se reconoce porque es más brillante y más rígido. Con este, la cera salta en escamas al clavar el sacacorchos. No pasa nada, pero hazlo sobre la encimera y no sobre la mesa puesta, porque saltan trozos.
Las tres cosas que no debes hacer
Esta es la parte importante del artículo, así que va con nombres y apellidos.
- No la calientes. Ni mechero, ni agua hirviendo, ni secador a tope. El vidrio de una botella no está templado, y un cambio brusco de temperatura puede agrietarlo. Una botella que se raja en la mano con vino dentro es exactamente el problema que no quieres tener.
- No golpees el cuello contra el filo de la encimera. Se ve en vídeos y funciona hasta que un día no funciona: el cuello se rompe, saltan esquirlas de vidrio dentro del vino y hay que tirar la botella entera. Suponiendo que no te cortes.
- No rasques encima de la copa ni del plato. Las escamas acaban dentro. No es peligroso —es cera de uso alimentario— pero da una sensación pésima y es totalmente evitable.
¿Y si cae cera dentro del vino?
No pasa absolutamente nada.
La cera que se usa para lacrar botellas es de uso alimentario. No se disuelve, no aporta sabor y no es tóxica. Si te cae una escama en la copa, la sacas con una cucharilla o la retienes con la servilleta al servir.
Si te ha caído dentro de la botella, tampoco te compliques: la cera flota o se queda pegada al vidrio, y al servir se queda dentro.
Entonces, ¿por qué le ponen cera?
Buena pregunta, porque desde luego no es para complicarte la noche.
La cera protege la cabeza del corcho de los cambios de humedad, evita mohos, funciona como precinto de garantía —si está intacta, esa botella no la ha abierto nadie— y retiene cualquier filtración antes de que manche la etiqueta.
En nuestro caso hay una razón más, y es que nuestras bodegas en Kajetia son pequeñas y no tienen línea de capsulado. Cada botella se sumerge a mano, una por una. Por eso no hay dos cabezas de cera idénticas.
Si quieres el detalle completo, incluido lo que la cera no hace —hay bastante mitología con esto—, lo contamos en este artículo sobre la cera y el tapón.
Preguntas frecuentes
¿Puedo volver a tapar la botella?
Con el corcho, sí. La cera ya no se recompone, pero tampoco hace falta: para dos o tres días en la nevera basta con el corcho.
¿Hay que quitar la cera si voy a guardar la botella años?
Al contrario. Déjala. Está protegiendo el corcho durante todo ese tiempo.
¿La cera es señal de que el vino es mejor?
No, y quien te diga lo contrario te está vendiendo algo. Es una decisión de la bodega. Lo que sí suele indicar es producción corta, porque encapsular a mano no es viable en volumen.
Se me ha partido el corcho por la mitad. ¿Ahora qué?
Vuelve a clavar el sacacorchos en ángulo, no recto, y tira despacio hacia arriba. Si se desmiga, empújalo dentro y sirve el vino colándolo. No se estropea.
¿Sirve un sacacorchos de dos tiempos o eléctrico?
Sí, los dos. Con el eléctrico, atraviesa la cera igual: los restos suben con el corcho.
Una última cosa
Si has llegado hasta aquí con una botella en la mano que no es nuestra, perfecto. Espero que ya esté abierta.
Y si te has quedado con la curiosidad de a qué sabe un vino que lleva ocho mil años haciéndose igual, dentro de una tinaja de barro enterrada bajo tierra, la forma más fácil de averiguarlo es un pack de degustación.
Eso sí: cuando abras el tinto, dale media hora de aire antes de juzgarlo. Es el error que comete todo el mundo la primera vez.
